Netflix vuelve a apostar por el thriller español con 'El jardinero', una miniserie de seis episodios que mezcla crimen, melodrama familiar y romance oscuro. Protagonizada por Álvaro Rico, Cecilia Suárez y Catalina Sopelana, la ficción convierte un vivero aparentemente apacible en el escenario de una historia donde el amor amenaza con desenterrar secretos demasiado peligrosos.
En la superficie, 'El jardinero' parece moverse entre macetas, invernaderos y paisajes verdes. Pero bajo esa imagen de calma late una maquinaria criminal cuidadosamente cultivada. La serie, creada por Miguel Sáez Carral y estrenada en Netflix el 11 de abril de 2025, presenta a Elmer, un joven marcado por una incapacidad para sentir emociones que su madre, La China Jurado, ha convertido en una herramienta de trabajo. Juntos gestionan un vivero que funciona como fachada de un negocio clandestino de asesinatos por encargo.
El punto de partida de la ficción tiene algo de cuento negro: un hijo obediente, una madre dominante y un oficio que se disfraza de rutina inocente. Elmer, interpretado por Álvaro Rico, mata porque no parece conocer otra forma de estar en el mundo. Su frialdad no nace del placer, sino de un vacío emocional que lo vuelve útil para los intereses de su madre. La China, a quien da vida Cecilia Suárez, es el verdadero motor de esa estructura: controla el negocio, administra el miedo y dirige a su hijo con una mezcla de protección, manipulación y ambición.
La llegada de Violeta altera ese equilibrio. La joven maestra de guardería, interpretada por Catalina Sopelana, aparece en la vida de Elmer como una víctima más, pero pronto se convierte en una grieta inesperada en su mundo. Por primera vez, el protagonista experimenta algo parecido al deseo, la ternura y la duda. El encargo que debía ejecutar con la precisión de siempre se transforma entonces en un conflicto íntimo: obedecer a su madre o proteger a la mujer que ha despertado en él una sensibilidad que parecía imposible.

El jardinero
Ahí reside el principal atractivo de 'El jardinero': en el choque entre una trama criminal y una historia de educación sentimental. La serie no se limita a preguntar si un asesino puede enamorarse, sino que explora qué ocurre cuando alguien criado para no sentir empieza a descubrir las consecuencias morales de sus actos. El amor, en este caso, no aparece como una solución limpia ni como una redención automática, sino como una fuerza desestabilizadora que amenaza con derrumbar el sistema construido por madre e hijo.
La producción aprovecha su formato de miniserie para avanzar con ritmo ágil. Sus seis episodios, de unos 45 minutos, permiten que la intriga avance sin dispersarse demasiado. Cada capítulo introduce una nueva capa de tensión: la investigación policial, el pasado de Violeta, el deterioro del vínculo entre Elmer y La China, y la pregunta constante de si el protagonista será capaz de romper con el destino que le han impuesto. Los títulos de los episodios, asociados al lenguaje de la jardinería, refuerzan esa metáfora de siembra, crecimiento, poda y descomposición que atraviesa toda la ficción.
El reparto es uno de los elementos que sostiene la propuesta. Álvaro Rico, conocido por su trabajo en 'Élite', compone a Elmer desde la contención: sus silencios, su mirada fija y su torpeza emocional ayudan a construir un personaje que parece aprender a vivir mientras intenta dejar de matar. Cecilia Suárez aporta presencia y filo a La China Jurado, una madre capaz de resultar carismática y amenazante al mismo tiempo. Su interpretación evita que el personaje sea solo una villana funcional y lo convierte en una figura marcada por el control, la supervivencia y el miedo a perder poder sobre su hijo.
Catalina Sopelana, por su parte, ofrece el contrapunto luminoso sin caer en la ingenuidad absoluta. Violeta no es únicamente el objeto romántico que desencadena el conflicto; su propio pasado y sus zonas de sombra contribuyen a que la relación con Elmer resulte más ambigua. En el entorno policial y secundario, nombres como María Vázquez, Francis Lorenzo, Emma Suárez, Iván Massagué y Javier Morgade completan un universo que combina investigación, sospecha y drama familiar.
Visualmente, la serie juega con el contraste entre la belleza natural del vivero y la violencia que se oculta bajo la tierra. La jardinería funciona como metáfora constante: hay raíces que no se ven, plantas que crecen torcidas y podas necesarias para mantener una apariencia ordenada. Ese recurso, aunque evidente en algunos momentos, da identidad a la ficción y la diferencia de otros thrillers televisivos centrados únicamente en el crimen.
No obstante, 'El jardinero' también muestra algunas debilidades habituales del género. Determinadas casualidades, giros melodramáticos y decisiones de los personajes pueden parecer forzadas. En su tramo final, la serie acelera algunas resoluciones y se apoya en ciertos clichés del thriller romántico. Aun así, su mezcla de suspense, romance y relación maternofilial tóxica mantiene el interés, sobre todo gracias a la química del reparto y a una premisa lo bastante singular como para distinguirse dentro del catálogo de Netflix.
Más que una historia sobre sicarios, 'El jardinero' es un relato sobre la posibilidad —y el peligro— de sentir demasiado tarde. Elmer descubre el amor cuando su vida ya está sembrada de cadáveres, y La China entiende que ese sentimiento puede ser más destructivo para su negocio que cualquier investigación policial. En esa tensión entre flores y muerte, afecto y obediencia, la miniserie encuentra su mejor terreno. Puede que no todas sus ramas crezcan con la misma fuerza, pero su combinación de atmósfera, reparto y conflicto emocional la convierte en una propuesta entretenida y eficaz para quienes buscan un thriller español con corazón envenenado.





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