En tiempos dominados por el consumo audiovisual a la carta, la Academia de Hollywood ha decidido mirar hacia el origen de la experiencia cinematográfica: la sala de cine. Su nueva convocatoria internacional para elegir los 50 mejores cines del mundo no solo reconoce pantallas, butacas o proyectores, sino también el papel cultural y comunitario de unos espacios que se resisten a quedar reducidos a una nostalgia del pasado.
La iniciativa, bautizada como Academy Marquee Theater List, seleccionará en su primera edición a 25 salas de Estados Unidos y a 25 recintos internacionales. La lista inaugural se presentará en la primavera de 2027, en coincidencia con las celebraciones por el centenario de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, la institución que entrega los premios Óscar y que ahora busca ampliar su mirada hacia quienes mantienen vivo el ritual colectivo de ver una película.
La apuesta resulta significativa. Durante años, la conversación sobre el futuro del cine ha estado marcada por las plataformas de streaming, los estrenos simultáneos y la comodidad del sofá. Frente a ese escenario, la Academia propone reconocer a los cines como lugares de encuentro, como pequeñas plazas culturales donde una comunidad se sienta a oscuras para mirar una misma historia, reaccionar al mismo tiempo y compartir una emoción que difícilmente se reproduce en soledad.
"Queremos que la gente sepa lo importante que es unirse como comunidad. Eso es lo que son los cines: anclas de las comunidades, donde la gente puede reunirse a ver películas, a vivir el cine, a escuchar a alguien contar su historia", explicó Meredith Shea, directora general de membresía, impacto e industria de la Academia, en declaraciones recogidas por EFE.

Una sala de cine histórica simboliza la experiencia colectiva que la Academia de Hollywood busca destacar con su selección de los 50 mejores cines del mundo
El proyecto fue impulsado por el cineasta Jason Reitman, director de Juno y miembro de la Junta de Gobernadores de la Academia. Su propuesta encontró respaldo dentro de la institución porque conecta con una preocupación compartida por buena parte de la industria: cómo defender la experiencia en sala sin negar los cambios que han transformado la forma de ver películas en la última década.
Podrán postularse salas físicas que operen durante todo el año, ya sean cines comerciales, espacios independientes, cinematecas, recintos de repertorio o lugares dedicados a retrospectivas y actividades especiales. La convocatoria permanecerá abierta hasta el 25 de agosto de 2026 y cada candidatura deberá ser presentada por un representante oficial del cine, lo que convierte el proceso en una invitación directa a contar la historia de cada sala desde dentro.
Los criterios de evaluación revelan que la Academia no busca únicamente salas técnicamente impecables. También se valorarán la participación comunitaria, la calidad de imagen y sonido, la programación, la diversidad, la inclusión, la accesibilidad, la relevancia histórica, la preservación, el diseño, la iluminación, el estado de las instalaciones y hasta la oferta de alimentos, bebidas o servicios complementarios. En otras palabras, se premiará la experiencia completa.
La selección estará a cargo de un comité integrado por miembros de todas las ramas de la Academia y deberá recibir la aprobación final de la Junta de Gobernadores. Esta semana se anunció que el comité estará presidido por el director Sean Baker y la productora Samantha Quan, vinculados a Anora, cinta ganadora del Óscar a mejor película en 2025.
Para los cines elegidos, el reconocimiento incluirá presencia en las plataformas digitales oficiales de la Academia y una certificación física que podrán exhibir en sus vestíbulos. No será una estatuilla dorada, pero sí una marca de prestigio en un mapa global de salas recomendadas, una suerte de guía para cinéfilos, viajeros y comunidades que aún creen que el cine empieza mucho antes de que se apaguen las luces.
El anuncio llega en un contexto especialmente delicado para la exhibición cinematográfica. Los cambios en los hábitos de consumo, el auge de las plataformas y el cierre de salas independientes han obligado a la industria a repensar qué significa estrenar, distribuir y ver cine. La respuesta de la Academia no pasa por enfrentar de manera frontal a la tecnología, sino por recordar que la sala conserva un valor insustituible: convierte una película en una experiencia compartida.
Desde los antiguos palacios cinematográficos hasta los multicines contemporáneos, desde los barrios hasta las grandes capitales culturales, la futura lista promete reunir modelos muy distintos bajo una misma convicción: el cine no vive únicamente en los catálogos digitales ni en los algoritmos de recomendación. También vive en la fila de entrada, en el murmullo previo a la función, en la pantalla compartida y en esos lugares que, más allá de las palomitas, siguen recordando por qué ir al cine continúa siendo un acto cultural.





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