Si hoy alguien dice Nintendo, es casi imposible no pensar en Mario, Zelda, Pokémon, Donkey Kong, Kirby o en una Switch encendida en modo portátil. Pero antes de los mundos abiertos, los karts imposibles y las partidas multijugador en el sofá, Nintendo fue una empresa de Kioto dedicada a fabricar cartas hanafuda. Sí: una de las compañías más importantes de la historia del videojuego empezó mucho antes de los píxeles, los botones y los joysticks. Su aventura comenzó en 1889 y, desde entonces, ha sido una partida larguísima llena de reinicios, jefes finales, riesgos creativos y power-ups empresariales.
Nivel 1: Kioto, 1889. Nintendo nació el 23 de septiembre de 1889 bajo el nombre de Nintendo Koppai. Su fundador, Fusajiro Yamauchi, no estaba pensando en consolas, sino en naipes japoneses tradicionales. Las hanafuda eran cartas ilustradas con flores y símbolos de la cultura nipona, y durante décadas fueron el corazón del negocio. Aquella Nintendo primitiva estaba más cerca del taller artesanal que de la multinacional tecnológica, pero ya tenía algo que después sería clave: entendía que el juego podía reunir a las personas alrededor de una experiencia sencilla, competitiva y fácil de recordar.
Del mazo de cartas al laboratorio de ideas. La transformación no llegó de golpe, sino como una evolución desbloqueada poco a poco. Nintendo pasó por varios nombres, se reorganizó como empresa y comenzó a mirar más allá de las barajas. En los años sesenta, la compañía probó suerte con juguetes, productos familiares y experimentos de entretenimiento. No todos fueron éxitos, pero esa etapa fue esencial: Nintendo aprendió que su verdadero talento no era solo fabricar objetos, sino inventar formas de jugar. Ese cambio de mentalidad preparó el terreno para su entrada en la electrónica.

De las cartas hanafuda a las consolas híbridas, la historia de Nintendo resume más de un siglo de reinvención del entretenimiento interactivo
Insert coin: llega la era electrónica. En los años setenta, Nintendo empezó a enchufarse al futuro. Productos como la serie Beam Gun y la Color TV-Game, lanzada en Japón en 1977, marcaron el acercamiento definitivo al videojuego. Era una época salvaje para la industria: nuevos sistemas, gráficos básicos, sonidos simples y mucha experimentación. Nintendo todavía no era el gigante que conocemos, pero ya estaba aprendiendo una lección fundamental: la tecnología solo funciona de verdad cuando se pone al servicio de una idea divertida.
El combo de los 80: Donkey Kong, Famicom y NES. La partida cambió para siempre en los años ochenta. Donkey Kong, estrenado en 1981, presentó a un héroe que todavía no llevaba el nombre definitivo de Mario, pero que ya tenía madera de icono. Poco después, Nintendo lanzó la Famicom en Japón y la NES en Occidente. En plena reconstrucción del mercado tras la crisis del videojuego, la compañía no solo vendió una consola: vendió confianza, calidad y mundos inolvidables. Super Mario Bros. convirtió el salto en una forma de arte, y The Legend of Zelda demostró que una aventura podía sentirse enorme incluso con pocos bits en pantalla.
Game Boy y los 90: la diversión cabe en el bolsillo. Con Game Boy, Nintendo cambió las reglas del juego portátil. La pantalla no era la más avanzada y el hardware no presumía de músculo técnico, pero tenía algo más importante: batería, resistencia y juegos adictivos. Tetris, Pokémon y una larga lista de clásicos convirtieron la consola en compañera de viajes, recreos y tardes eternas. Luego llegaron Super Nintendo y Nintendo 64, máquinas que dejaron momentos grabados en la memoria gamer: carreras imposibles en Mario Kart, saltos tridimensionales en Super Mario 64 y mundos de fantasía que crecían con cada generación.
Innovar o perder una vida. En el siglo XXI, Nintendo volvió a jugar a su manera. Nintendo DS apostó por la doble pantalla y el control táctil cuando muchos miraban solo la potencia gráfica. Wii convirtió el mando en raqueta, espada, volante y excusa perfecta para jugar en familia. Incluso sus tropiezos, como Wii U, sirvieron como fase de aprendizaje. De ese intento nació una de sus mejores ideas modernas: Nintendo Switch, lanzada en 2017, una consola híbrida que rompió la frontera entre sobremesa y portátil. Nintendo volvió a demostrar que no siempre gana quien tiene más teraflops, sino quien entiende mejor cómo quiere jugar la gente.
Final boss: el legado. Más de 130 años después de sus primeras cartas hanafuda, Nintendo sigue siendo una rareza brillante dentro de la industria. Ha competido contra gigantes tecnológicos, ha sobrevivido a modas pasajeras y ha defendido una identidad muy propia: personajes carismáticos, mecánicas claras, mundos coloridos y una obsesión casi artesanal por la experiencia de juego. Su historia no es una línea recta de victorias; también hay pruebas fallidas, consolas discutidas y decisiones arriesgadas. Pero ahí está la magia: Nintendo sabe caer, levantarse y volver con una idea capaz de cambiar la conversación gamer. De Kioto al planeta entero, su partida continúa, y todavía parece quedarle muchas vidas extra.





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