En Tres Cantos se ruedan series que viajan a medio mundo; en Alicante, los viejos platós vuelven a encenderse frente al Mediterráneo; en Terrassa, Cataluña prepara una ampliación para competir por grandes producciones. España, durante décadas vista por la industria internacional como un inmenso decorado natural, se está transformando en algo más ambicioso: una fábrica audiovisual capaz de producir, alojar y terminar películas y series para el mercado global.
Tres Cantos, donde el "streaming" encontró su ciudad
El epicentro de esta nueva etapa está al norte de Madrid. Madrid Content City, impulsado por Secuoya Content Group, ha convertido Tres Cantos en uno de los grandes nombres del mapa audiovisual europeo. Sus platós, oficinas, salas de postproducción, espacios de formación y servicios de apoyo funcionan como una ciudad dentro de la ciudad: un lugar donde una producción puede entrar con una idea y salir con un contenido listo para emitirse.
La llegada de Netflix fue el golpe de claqueta que cambió el ritmo. La plataforma eligió este enclave madrileño para levantar su base de producción en España, y alrededor de esa decisión se articuló un ecosistema de proveedores, técnicos, productoras y compañías de servicios. El resultado es una concentración industrial poco habitual en el país: cámaras, decorados, efectos visuales, montaje, sonido y formación conviven a pocos metros. Madrid ya no solo presta calles y localizaciones; ofrece infraestructura para competir por rodajes internacionales de gran presupuesto.
Ciudad de la Luz: el gigante que volvió del silencio
A casi 430 kilómetros, en Alicante, Ciudad de la Luz escribe su propio regreso. El complejo nació con vocación de gran estudio europeo, sufrió años de parálisis y ha vuelto a la conversación audiovisual con una mezcla poderosa: seis platós, grandes espacios exteriores, talleres, almacenes, servicios de producción y tanques de agua preparados para escenas complejas. Su ventaja es evidente: clima mediterráneo, aeropuerto internacional, conexiones rápidas y una localización que permite rodar interiores, exteriores y secuencias acuáticas sin abandonar el recinto.

Un plató moderno resume la ambición de la industria audiovisual española: atraer rodajes internacionales y completar la producción dentro del país
Producciones recientes han devuelto al estudio al escaparate internacional y han demostrado que su impacto va mucho más allá del cine: hoteles, transporte, construcción de decorados, técnicos locales y empresas auxiliares se benefician de cada rodaje. En una industria en la que cada semana de filmación mueve equipos numerosos y presupuestos elevados, Ciudad de la Luz funciona como una infraestructura cultural, pero también como motor económico para la Comunidad Valenciana.
Terrassa, la apuesta catalana por doblar músculo
En Cataluña, el Parc Audiovisual de Catalunya, situado en Terrassa, representa una fórmula distinta: menos monumental que Alicante, pero muy integrado en un tejido creativo denso. Sus platós insonorizados, espacios exteriores y oficinas se apoyan en una ciudad con tradición cinematográfica, escuelas de referencia y una film office activa. Terrassa no vende solo metros cuadrados; vende ecosistema, conocimiento técnico y proximidad a Barcelona.
La ambición catalana mira ahora a la ampliación. La inversión prevista para nuevos platós y espacios auxiliares busca aumentar la capacidad de rodaje y situar al Parc como infraestructura de referencia en el sur de Europa. En un mercado en el que las grandes producciones comparan territorios, incentivos y logística antes de decidir dónde instalarse, disponer de platós más grandes puede marcar la diferencia entre acoger una superproducción o verla marchar a otro país.
La competencia también se rueda fuera de los grandes centros
Pero el nuevo mapa del audiovisual español no se dibuja solo con tres nombres. Canarias ha sabido explotar sus incentivos fiscales, su clima estable y paisajes capaces de simular desiertos, volcanes, selvas o costas remotas. Andalucía, Galicia, Navarra, el País Vasco y Castilla-La Mancha también compiten con oficinas de rodaje, ayudas públicas, localizaciones singulares y proyectos de infraestructura. La batalla por atraer producciones se libra tanto en los platós como en los despachos donde se negocian deducciones, permisos y calendarios.
La revolución tecnológica añade otra capa. Los estudios ya no se limitan a paredes insonorizadas y focos colgados del techo. La producción virtual, las pantallas LED, los efectos visuales en tiempo real y los flujos digitales de postproducción están cambiando la forma de rodar. Quien controle esa cadena —del decorado físico al píxel final— tendrá más opciones de atraer proyectos internacionales.
De decorado natural a industria estratégica
El salto español llega en un momento de reajuste global. Las plataformas moderan inversiones, los costes de producción se revisan y Europa compite por captar rodajes que generan empleo cualificado y visibilidad internacional. España ofrece una combinación difícil de ignorar: técnicos con experiencia, variedad de paisajes, buenas conexiones, costes competitivos y una imagen cultural reconocible. Lo que antes era una ventaja turística se ha convertido en argumento industrial.
El desafío será sostener el impulso. Madrid Content City, Ciudad de la Luz y el Parc Audiovisual de Catalunya simbolizan tres modelos complementarios: el hub corporativo del "streaming", el gran estudio mediterráneo y el clúster creativo ligado a Barcelona. Juntos explican por qué España ha dejado de esperar a que las cámaras lleguen de fuera. Ahora quiere encenderlas, producirlas, terminarlas y venderlas al mundo desde sus propios estudios.





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