Dark no fue una serie para ver con el móvil en la mano. Fue una de esas ficciones que obligaban a pausar, rebobinar, abrir teorías y mirar con sospecha hasta al personaje más secundario. La producción alemana convirtió el pequeño pueblo de Winden en un auténtico laberinto televisivo: niños desaparecidos, familias rotas, viajes en el tiempo, secretos heredados y una pregunta que sobrevolaba cada capítulo: ¿podemos escapar de lo que ya está escrito?
Por eso, cuando una serie como Dark termina, deja un vacío muy concreto. No basta con buscar ciencia ficción sin más: hace falta encontrar historias con atmósfera, misterio, personajes atormentados y una trama que funcione como un rompecabezas. La buena noticia es que hay varias series capaces de llenar, al menos en parte, ese hueco. Algunas se parecen por sus viajes temporales; otras, por su tono oscuro, sus enigmas familiares o su forma de jugar con la realidad. Aquí van varias apuestas perfectas para quienes quieren volver a sentirse atrapados por una historia de esas que no se olvidan al apagar la televisión.
1899: el misterio navega en alta mar
La primera parada tenía que ser 1899, el proyecto que volvió a reunir a Baran bo Odar y Jantje Friese después del fenómeno Dark. Esta vez no hay un pueblo alemán ni una cueva misteriosa, sino un barco lleno de pasajeros europeos que viajan hacia Nueva York a finales del siglo XIX. Todo apunta a un drama de época, hasta que aparece una segunda embarcación a la deriva y la travesía se transforma en una pesadilla llena de símbolos, puertas cerradas y verdades incómodas. Su mayor atractivo está en esa sensación constante de que nada es lo que parece. Visualmente elegante, enigmática y con vocación de gran puzle, 1899 es la recomendación más directa para quienes disfrutaron perdiéndose en los pliegues de Dark.

La televisión de misterio sigue encontrando en pueblos silenciosos, noches lluviosas y túneles imposibles el escenario perfecto para perder al espectador en nuevas realidades
Stranger Things: cuando el pueblo esconde demasiado
Stranger Things juega en otra liga tonal, más luminosa, nostálgica y aventurera, pero comparte con Dark un punto de partida irresistible: una desaparición infantil sacude una comunidad aparentemente tranquila y abre la puerta a fuerzas que nadie comprende del todo. Hawkins y Winden no son pueblos iguales, pero ambos funcionan como escenarios donde lo cotidiano se rompe de golpe. La serie de los hermanos Duffer apuesta por el terror juvenil, la amistad, los laboratorios secretos y el aroma ochentero; Dark, por su parte, abraza la tragedia y el destino. Aun así, si lo que se busca es una historia de misterio con amenaza sobrenatural y personajes marcados por lo que se oculta bajo la superficie, esta es una parada obligatoria.
Black Mirror: tecnología, paranoia y malas decisiones
Black Mirror no construye una mitología continua como Dark, pero sí comparte algo fundamental: la capacidad de dejar al espectador incómodo. Cada episodio plantea un futuro posible —a veces demasiado cercano— en el que la tecnología saca a la luz lo peor de nosotros. Memoria, control, identidad, fama, vigilancia o deseo de escapar de la realidad son algunos de sus temas recurrentes. Si Dark preguntaba hasta qué punto estamos atrapados por el tiempo, Black Mirror se pregunta hasta qué punto estamos atrapados por nuestras propias creaciones. Es una opción ideal para quienes buscan ciencia ficción adulta, inquietante y con conversación asegurada después de cada capítulo.
The OA: desapariciones, dimensiones y fe en lo imposible
The OA es una de esas series que dividen, fascinan y desconciertan casi a partes iguales. Su historia comienza con el regreso de una joven que había desaparecido años atrás y que vuelve transformada, con un relato imposible de encajar en la lógica cotidiana. A partir de ahí, la ficción mezcla drama íntimo, universos alternativos, experiencias cercanas a la muerte y una espiritualidad muy particular. No tiene el engranaje matemático de Dark, pero sí comparte su ambición: llevar al espectador a un territorio donde las respuestas fáciles no sirven. Es más emocional, más extraña y más arriesgada, pero precisamente por eso puede conquistar a quienes buscan una serie diferente, de las que se discuten durante días.
Bodies / Cadáveres: el mismo muerto, cuatro épocas
Bodies, conocida en España como Cadáveres, parte de una premisa irresistible para cualquier fan de las paradojas temporales: el mismo cadáver aparece en el mismo lugar de Londres, pero en distintas épocas. A partir de ahí, varios investigadores separados por décadas empiezan a tirar de un hilo que conecta crimen, conspiración, ciencia ficción y destino. La serie tiene ese placer muy propio de Dark: ver cómo piezas aparentemente aisladas van encajando hasta revelar un diseño mayor. Es una miniserie más compacta y directa, pero juega con la misma idea de fondo: el tiempo no es una línea tranquila, sino una trampa llena de ecos.
Fringe: expedientes imposibles con corazón familiar
Fringe empieza como una serie de casos extraños, casi como un archivo de fenómenos científicos imposibles, pero poco a poco se convierte en una historia mucho más grande sobre universos paralelos, experimentos peligrosos y vínculos familiares que pesan más que cualquier teoría. Su tono es más televisivo y episódico que el de Dark, pero comparte con ella el gusto por la ciencia llevada al límite y por las consecuencias emocionales de cruzar ciertas fronteras. Quien disfrute de conspiraciones, laboratorios, realidades alternativas y personajes con heridas profundas encontrará aquí una serie muy agradecida.
Les Revenants: muertos que regresan y secretos que pesan
La francesa Les Revenants no necesita viajes en el tiempo para resultar profundamente inquietante. Su premisa es sencilla y potentísima: en un pequeño pueblo, varias personas fallecidas regresan sin haber envejecido y sin entender qué les ha pasado. A partir de ahí, la serie construye una atmósfera melancólica, casi hipnótica, donde el misterio importa tanto como la reacción de quienes tienen que convivir con lo imposible. Como en Dark, lo fantástico sirve para hablar de duelo, culpa, memoria y heridas familiares. Es menos vertiginosa, pero muy recomendable para quienes valoran las series con ambiente, silencios y un misterio que se filtra poco a poco.
El veredicto seriéfilo
Ninguna serie sustituye del todo a Dark, y quizá ahí está parte de su encanto. La ficción alemana fue una rareza: compleja, solemne, adictiva y construida con una precisión poco habitual. Pero estas propuestas permiten seguir explorando territorios parecidos. Si apetece algo muy cercano en espíritu, 1899 y Bodies son las elecciones más claras. Si se prefiere misterio con aventura y nostalgia, Stranger Things funciona como puerta de entrada perfecta. Para quienes buscan ciencia ficción reflexiva, Black Mirror es una apuesta segura; y si lo que engancha es la sensación de caminar por un terreno extraño, The OA, Fringe y Les Revenants ofrecen caminos distintos hacia lo inexplicable. En definitiva: si Winden te dejó con ganas de más, todavía quedan muchos lugares televisivos donde perderse.





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