La irrupción de la IA en la Universidad presenta desafíos ante el modelo tradicional de enseñanza y evaluación, y el profesorado universitario expresa su preocupación por un fraude académico que se ha sofisticado.
El alumnado ha pasado de la tradicional chuleta al chatGPT o a los auriculares invisibles: ¿debe la universidad cambiar la forma de evaluar?, ¿cómo afrontan el fraude en los exámenes?
Universidades españolas como la UNED, la Politécnica de Madrid (UPM), la Universidad de Sevilla, la de Zaragoza, la Politécnica de Valencia o la Universidad de Comillas han empezado a utilizar detectores de radiofrecuencia (RF) para vigilar que durante los exámenes no se utilizan comunicaciones inalámbricas y de transmisión, que cada vez son más difíciles de detectar.
"Estos dispositivos —como auriculares invisibles, microtransmisores, cámaras de reducido tamaño o sistemas integrados en prendas y accesorios— permiten establecer comunicaciones de audio e incluso vídeo con personas externas al aula, o entre estudiantes", advierte la UPM en un documento al que ha tenido acceso EFE y que han enviado a todo el alumnado para avisarles de que vigilarán las evaluaciones con equipos de radiofrecuencia.
"Nos informan de estos detectores porque cada vez hay más estudiantes que copian los exámenes con chatGPT, haciendo una simple foto", señala a EFE Jimena, una estudiante de tercero de Telecomunicaciones que afirma haber visto ella misma cómo copian "con total descaro".
Según la normativa aprobada por el Consejo de Gobierno de la UPM, los dispositivos detectores de radiofrecuencia y de campo magnético cumplen con la legalidad, ya que no implican tratamiento de datos personales. Son equipos pasivos, que no inhiben ni interfieren comunicaciones ni registran contenidos.

El día de la prueba los estudiantes deben firmar una declaración responsable de que no mantienen encendido ningún dispositivo, salvo necesidades por discapacidad y el profesor les informa de esta vigilancia, que ya se hace en universidades de Países Bajos (TU Delft), Italia (Politecnico di Milano) o Suiza (ETH Zürich)
El desarrollo tecnológico ha derivado en sistemas que pueden ocultarse en el cabello, en la ropa o en el interior del oído: "Su detección resulta prácticamente imposible sin herramientas específicas", inciden desde el Vicerrectorado de Estudiantes de la UPM.
"La única forma eficaz de identificar estos dispositivos es mediante la detección de las señales de radiofrecuencia o de las perturbaciones del campo magnético que emiten", recuerdan.
José Portela, adjunto a la vicerrectora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Comillas, explica a EFE que también han empezado a utilizar estos sistemas de detección.
"Se basa en detectores que profesores y personal del Servicio de Informática y Comunicaciones de la universidad van pasando por las mesas antes del comienzo del examen para localizar señales procedentes de teléfonos móviles o aparatos de transmisión y recepción inalámbrica que vengan del exterior", señala, tras recalcar que los estudiantes "están siendo muy diligentes" y la mayoría lo acepta con agrado.
Más vigilancia presencial
La vigilancia presencial también se ha activado más: "El otro día vinieron dos seguratas a un examen", dice Carlota, otra estudiante universitaria que explica que el otro día hubo un intento de suplantación de identidad.
"El tema es cada vez más preocupante. Cada vez vamos más profesores a vigilar los exámenes, al menos dos y es disuasorio porque se sienten más controlados", señala a EFE Javier Oubiña, director del Centro de Investigación en Economía Digital de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
Además genera "mucho cabreo entre los estudiantes, porque otros que no hacen nada, con estas prácticas fraudulentas, sacan incluso mejores notas que ellos".
La UNED ha iniciado la implantación progresiva de equipamiento de detección de dispositivos electrónicos como relojes, pulseras o bolígrafos en pruebas presenciales, con controles en accesos y, cuando procede, en el aula.
¿Otra forma de evaluar?
Las universidades han cambiado los criterios para evaluar, sobre todo en la elaboración de trabajos, donde la IA generativa (IAG), está a la orden del día.
"Tenemos que pasar a evaluaciones en directo. No sirve de nada prohibir que la usen, porque la IA es una herramienta que les va a ayudar profesionalmente, y está bien que sepan usarla, mejora la productividad", señala Oubiña.
Para detectar plagios se utilizan diferentes herramientas pero ninguna es fiable al 100 % y por eso hay que ahondar en la defensa oral de los trabajos de fin de grado (TFG) o de fin de máster (TFM), señalan otras fuentes universitarias madrileñas.
"La defensa oral, con preguntas específicas sobre la metodología y los conceptos utilizados, es muy útil", defiende la UNED que cree que las pruebas presenciales "deben complementarse con otras que permitan valorar competencias más complejas".
La IAG puede es una oportunidad para reforzar la evaluación auténtica, orientada a que el estudiantado aplique los conocimientos y habilidades adquiridos para resolver tareas similares a situaciones del mundo real, inciden a EFE desde la Secretaría General de la UNED.
Los exámenes a distancia
El control del plagio se complica cuando los exámenes son virtuales o a distancia, y la Agencia de Protección de Datos (AEPD) vigila que no se vulneren los datos del alumno.
Recientemente, la Universidad Internacional Valenciana (UIV) fue sancionada con una multa de 650.000 euros por obligar al alumnado a registrarse obligatoriamente y sin otra alternativa, con tecnologías biométricas de reconocimiento facial y doble cámara.
Y ello pese a contar con el consentimiento libre y expreso del alumnado.





Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





