Capuchas, hojas ocultas, saltos de fe y conspiraciones que atraviesan siglos: Assassin's Creed no sería lo mismo sin sus protagonistas. Desde asesinos legendarios hasta piratas, mercenarios, vikingos y shinobis, la saga de Ubisoft ha convertido cada entrega en una puerta de entrada a una época distinta. Pero lo que realmente engancha no es solo trepar catedrales o perderse por ciudades históricas, sino vivir esos mundos a través de personajes con heridas, ambiciones, dudas y estilos de juego propios. Repasamos a los grandes rostros del credo y cómo cada uno dejó su marca en una de las franquicias más famosas del gaming moderno.
Altaïr y Ezio: cuando la leyenda empezó a escalar
Altaïr Ibn-La'Ahad fue el primer icono de la franquicia, el asesino que presentó al mundo la hoja oculta y la eterna guerra contra los templarios. En plena Tercera Cruzada, su historia arrancaba con un protagonista frío, letal y demasiado seguro de sí mismo. Lo interesante es que el juego no lo mostraba como un héroe perfecto, sino como alguien obligado a reaprender el significado del credo. Altaïr puso las reglas del universo: sigilo, disciplina, parkour y una filosofía que iba mucho más allá de eliminar objetivos.
Luego llegó Ezio Auditore da Firenze y la saga subió de nivel. Carismático, elegante y con una evolución brutal, Ezio pasó de joven noble florentino a maestro asesino a lo largo de Assassin's Creed II, Brotherhood y Revelations. Su trilogía tiene de todo: venganza familiar, intrigas renacentistas, amistad con Leonardo da Vinci y una madurez que pocos personajes de videojuegos han mostrado con tanta naturalidad. Si Altaïr creó el mito, Ezio lo convirtió en fenómeno.
Connor, Aveline y Edward: la saga se lanza al mundo abierto
Con Assassin's Creed III, la acción saltó a la Revolución Americana de la mano de Ratonhnhaké:ton, más conocido como Connor Kenway. Su historia mezclaba herencia mohawk, conflicto familiar y una visión amarga de la libertad. Connor no era tan simpático como Ezio, pero sí uno de los protagonistas más trágicos: un guerrero que lucha por proteger a su pueblo mientras descubre que las grandes promesas políticas no siempre llegan a todos por igual.

Ocho épocas, ocho estilos y una misma fantasía gamer: recorrer la historia desde las sombras, con el credo como brújula y el salto de fe como seña de identidad
Aveline de Grandpré, protagonista de Liberation, merece más foco del que suele recibir. En la Nueva Orleans colonial, su aventura jugaba con identidades, clases sociales y disfraces, permitiendo moverse entre mundos muy distintos. Como personaje, Aveline aportó una mirada fresca a la saga: más social, más estratégica y conectada con temas como la esclavitud y el poder colonial.
Y entonces apareció Edward Kenway en Black Flag, una entrega que muchos recuerdan como uno de los mejores juegos de piratas jamás hechos. Edward no empieza como asesino ni como defensor de grandes ideales: quiere oro, fama y libertad en alta mar. Precisamente por eso funciona tan bien. Su camino hacia algo parecido a la redención, entre abordajes, tabernas y traiciones, convierte su historia en una de las más entretenidas y humanas de toda la saga.
Shay, Arno, Jacob y Evie: cuando el credo se pone en duda
Shay Patrick Cormac es el gran giro de Assassin's Creed Rogue: un asesino que termina pasándose al bando templario. Su aventura funciona porque se atreve a preguntar algo incómodo: ¿y si la Hermandad también puede equivocarse? Shay no es simplemente "el malo"; es un personaje que rompe con sus antiguos aliados porque cree que sus acciones pueden provocar desastres. Su historia añade grises a un conflicto que muchas veces parecía demasiado claro.
Arno Dorian, en Unity, llevó la saga a una París revolucionaria espectacular. Su historia es más romántica y melancólica, marcada por la culpa, la venganza y su relación con Élise, ligada al mundo templario. Puede que Unity naciera envuelto en polémica técnica, pero Arno sigue siendo un protagonista interesante por esa tensión entre amor, lealtad y justicia.
Jacob y Evie Frye pusieron el toque de buddy movie victoriana en Syndicate. Londres, bandas callejeras, revolución industrial y dos hermanos con estilos opuestos: Jacob entra como un puñetazo; Evie prefiere el sigilo, la planificación y el misterio. Juntos dieron a la saga una energía más ligera y divertida, con una de las dinámicas de dúo más claras de la franquicia.
Bayek, Kassandra, Alexios y Eivor: la era RPG entra en escena
Con Origins, Ubisoft reinició muchas piezas de la fórmula y nos llevó al Egipto ptolemaico con Bayek de Siwa y Aya. Bayek es puro corazón: protector, padre roto por la pérdida y guerrero con una humanidad enorme. Su viaje explica el nacimiento de los Ocultos, los precursores de los asesinos, mientras Aya aporta el peso político y estratégico que termina dando forma al mito. Origins no solo cambió el combate y la exploración; también devolvió emoción al origen del credo.
Odyssey llevó la apuesta RPG aún más lejos con Kassandra y Alexios, aunque Kassandra quedó consolidada como la gran figura canónica para muchos fans. Mercenaria, sarcástica y tremendamente poderosa, su aventura en la Grecia clásica mezcla drama familiar, decisiones, romances, criaturas míticas reinterpretadas y una escala casi épica. Es Assassin's Creed jugando a ser leyenda griega, y Kassandra encaja ahí como una protagonista con presencia de sobra.
Eivor Varinsdottir, protagonista de Valhalla, convirtió la saga en una aventura vikinga de clanes, saqueos, alianzas y asentamientos. Eivor no es una asesina clásica, pero su contacto con los Ocultos y la Orden de los Antiguos mantiene vivo el ADN de la franquicia. Su mayor atractivo está en el choque entre honor, familia y destino, con un mundo enorme que prioriza la exploración y la fantasía histórica.
Basim, Naoe y Yasuke: vuelta al sigilo y salto al Japón feudal
Basim Ibn Ishaq tomó el foco en Mirage, una entrega pensada para reconectar con el Assassin's Creed más clásico: ciudades densas, sigilo, contratos y parkour urbano. Ambientado en Bagdad, el juego funciona como historia de origen de un personaje clave en Valhalla. Basim interesa porque combina la fantasía del asesino tradicional con los líos más extraños de la mitología Isu.
Assassin's Creed Shadows mira al Japón feudal con dos protagonistas muy distintos: Naoe y Yasuke. Naoe apunta al sueño de muchos fans: infiltración shinobi, sigilo, agilidad y precisión. Yasuke, inspirado en la figura histórica del samurái africano, ofrece el contrapunto de combate directo, fuerza y presencia en el campo de batalla. La promesa es clara: dos estilos jugables, dos miradas al mismo conflicto y uno de los escenarios más pedidos por la comunidad desde hace años.
Desmond y Layla: el otro lado del Animus
En el presente, Desmond Miles fue el hilo conductor de los primeros juegos y el rostro humano detrás de las memorias de Altaïr, Ezio y Connor. Su arco dio sentido al conflicto moderno entre asesinos y templarios. Años después, Layla Hassan tomó el relevo en Origins, Odyssey y Valhalla, con una visión más científica, rebelde y cada vez más metida en los secretos de la Primera Civilización. Puede que las tramas modernas dividan a la comunidad, pero sin ellas Assassin's Creed perdería buena parte de su identidad sci-fi.
El veredicto gamer: muchas épocas, un mismo salto de fe
Lo mejor de Assassin's Creed es que cada protagonista cambia el sabor de la saga. Altaïr es el credo en estado puro; Ezio, el carisma convertido en leyenda; Edward, la aventura pirata definitiva; Bayek, el corazón del origen; Kassandra, la fantasía épica; Eivor, la expansión RPG; Basim, el regreso al sigilo; y Naoe y Yasuke, la promesa de una nueva etapa. No todos han gustado por igual, y ahí está parte de la gracia: Assassin's Creed ha sobrevivido porque se reinventa con cada época, cada ciudad y cada héroe. Al final, da igual si llevas túnica blanca, capa vikinga o armadura samurái: el salto de fe sigue siendo el momento en el que la saga nos recuerda por qué seguimos volviendo al Animus.





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