En una era digital como la que estamos viviendo con el auge de la Inteligencia Artificial a cada paso que damos el nuevo estatus de lo "Hecho por Humanos" cada vez está ganando más aceptación.
Estamos llegando a un punto en donde la perfección ha dejado de ser una aspiración para convertirse en prácticamente un estándar. Es abrir las redes sociales y ver que el 90% de las imágenes que se encuentran en ellas son cromáticamente perfectas. Ya no solo hablamos de filtros, sino de retoques o contenido creado directamente por la IA que es capaz de superar al artista más diestro.
Está claro que la Inteligencia Artificial ha ganado la batalla de la productividad, sin embargo, nunca llegará a igual al ingenio ni tampoco podrá transmitir emociones como un humano. Esta es la ventaja que todavía nos queda a algunos en el océano de contenido creado por máquinas, el "error humano".
Esa mancha de café en el manuscrito o una nota ligeramente desafinada en una grabación en vivo. Todo esto, a día de hoy, se está convirtiendo en nuevos símbolos de estatus. Bienvenidos a una era en donde lo "Hecho por Humanos" se ha convertido en un nuevo lujo.
¿Por qué nos cansamos de lo sintético?
Esto no tendría ningún tipo de sentido si no nos cansásemos de lo sintético. Lo cierto es que la perfección puede llegar a ser aburrida y todo esto acaba provocando una especie de fatiga sintética.

La falta de narrativa vital que tienen las máquinas llega a cansar cuando es tan constante. Hablamos de la biografía que se encuentra detrás de cada píxel, de cómo el autor ha sufrido para crear un poema o transmitir la experiencia que ha vivido.
Una vez que aprendemos a identificar los patrones de la IA el factor sorpresa desaparece y todo se vuelve de lo más predecible. Todo esto sucede incluso sin darnos cuenta. Cuando todo está saturado de contenido creado por la máquina se produce una especie de desconexión emocional que nos aleja del arte. Evidentemente todo esto es un problema ya que provoca una falta de atención constante y la pérdida de interés.
Todos estos factores son mucho más importantes cuando hablamos de empresas, ya que la búsqueda de lo humano y la conexión con los clientes a nivel emocional es fundamental cuando se trata de vender un producto o servicio. Pero en el ocio también podemos cansarnos de todo.
Un nuevo sello "Bio" en la cultura que no es en absoluto nuevo
A pesar de que todo esto parece bastante moderno, lo cierto es que no es nada nuevo. Si echamos la vista atrás hace unos años hubo un fenómeno parecido con la comida rápida. Ante los imperios y la modernización del "Fast Food" hubo un movimiento de "Slow Food" que tuvo mucho éxito.
Probablemente ahora nos encontramos ante movimientos de "Slow Content" que buscan premiar la calidad por encima de la cantidad. No importa si se trata de un artículo como el que estás leyendo, una pintura o un mueble, el sello de calidad que certifica que el producto está hecho 100% por un humano sin intervención algorítmica cada vez está más valorado.
Este estatus no es solo una cuestión de ética, es poner en valor ciertos criterios o actuaciones que las máquinas no pueden llegar a alcanzar. Todo esto ha sido patente gracias a la proliferación de este contenido. De la misma forma que un robot no puede crear un plato de cocina de calidad en comparación con un chef, por muchos robots que ya haya y restaurantes automatizados, lo mismo sucede con la atención al cliente en un comercio.
Por mucho que pase el tiempo y cada vez parezca más que el mundo pertenece a las máquinas, está claro que no nos gusta hablar al otro lado del teléfono con un contestador. En esencia, ante un mundo en donde parecía que lo creado por humanos estaba llegando a su fin, lo cierto es que cada vez renace con más fuerza. El tiempo será juez y testigo de todo esto, pero está claro que siempre nos quedará esta "cicatriz digital".





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