En un panorama independiente cada vez más poblado de roguelikes, Eko and the Bewitched Lands intenta abrirse paso con una mezcla reconocible pero efectiva: acción rápida, exploración generada de forma aleatoria, puzles, magia elemental y un tono de cuento oscuro. Desarrollado por Twin Studios y publicado en consolas como Nintendo Switch, el juego propone acompañar a Eko en una misión de rescate contra la Reina Oscura, responsable de la maldición que amenaza unas tierras cambiantes y peligrosas. Su premisa es sencilla, casi clásica, pero la gracia está en cómo cada partida transforma el camino, obliga a improvisar y convierte la derrota en parte del aprendizaje.
La jugabilidad se apoya en una estructura de acción y aventura con elementos roguelike y de RPG. Esto significa que el jugador avanza por zonas que no se repiten exactamente igual, encuentra enemigos, trampas, cofres, reliquias y mejoras, y debe adaptarse a lo que aparece en cada intento. No conviene entrar pensando en una aventura lineal: aquí el mapa, las recompensas y los desafíos empujan a probar combinaciones distintas de armas, habilidades y artefactos. Esa variedad es uno de sus principales atractivos, porque una partida puede favorecer el combate agresivo cuerpo a cuerpo y la siguiente obligar a jugar con más distancia, granadas, esquivas y control del entorno.
El combate es rápido y castiga los errores. Esquivar en el momento justo no es un adorno, sino una herramienta esencial para sobrevivir a enemigos que pueden rodear al jugador o empujarlo hacia trampas. La cámara isométrica facilita leer la acción, aunque también exige observar muy bien cada sala antes de lanzarse al ataque. Uno de los mejores consejos para principiantes es no perseguir siempre al enemigo: a menudo resulta más inteligente atraerlo hacia obstáculos, aprovechar patrones de movimiento y reservar las habilidades elementales para momentos de peligro real. Fuego, agua y otros poderes permiten cambiar el ritmo de los enfrentamientos, pero usarlos sin pensar puede dejar a Eko vendido cuando llegan varios rivales a la vez.
Entre los trucos más útiles —entendidos como estrategias, no como códigos secretos confirmados— destaca priorizar la supervivencia sobre el daño bruto. En los primeros recorridos es tentador escoger siempre la mejora más espectacular, pero suele compensar invertir en vida, movilidad o efectos defensivos. Una carrera larga ofrece más oportunidades de encontrar reliquias, aprender patrones de jefes y desbloquear progresión permanente. También conviene familiarizarse con cada arma antes de descartarla: algunas parecen débiles al principio, pero ganan mucho cuando se combinan con artefactos que aumentan velocidad, alcance o efectos elementales. La clave está en construir una sinergia, no en acumular mejoras al azar.
Otro consejo fundamental es mirar el escenario como si fuera una herramienta. Eko and the Bewitched Lands no trata sus salas como simples arenas de combate: las trampas, barriles, pasillos estrechos y zonas de riesgo pueden convertirse en ventajas si se usan con paciencia. Antes de abrir un cofre o activar una reliquia, merece la pena limpiar parcialmente la zona y tener una ruta de escape. Muchas muertes llegan por la prisa: entrar corriendo, activar un evento y descubrir demasiado tarde que no hay espacio para esquivar. En un roguelike, saber retirarse durante tres segundos puede ser más valioso que asestar un golpe extra.
Los secretos forman parte importante de la experiencia. Las guías y descripciones del juego insisten en la presencia de reliquias antiguas, tesoros ocultos y eventos dinámicos que no siempre son lo que parecen. Por eso conviene revisar los bordes de las salas, sospechar de zonas aparentemente vacías y prestar atención a elementos del decorado que destaquen demasiado. Algunos secretos recompensan la curiosidad con poderosas mejoras; otros plantean un riesgo añadido o directamente castigan al jugador imprudente. La regla de oro es sencilla: si algo parece extraño, probablemente lo sea, pero no siempre será beneficioso.
Para avanzar con más consistencia, es recomendable fijarse pequeños objetivos por partida. En lugar de obsesionarse con completar el juego desde el primer intento, resulta más productivo aprender un jefe, probar una combinación elemental concreta o explorar una zona nueva. La progresión permanente ayuda a que cada derrota deje algo útil, pero el verdadero progreso está en reconocer patrones: qué enemigos conviene eliminar primero, cuándo merece la pena gastar recursos y qué reliquias encajan con el estilo de juego propio. Los jugadores más agresivos pueden buscar mejoras de daño y velocidad; quienes prefieran controlar el combate deberían valorar efectos de área, ralentizaciones o herramientas que permitan mantener la distancia.

Eko and the Bewitched Lands
En cuanto a códigos de trucos tradicionales, no hay indicios sólidos de que el juego cuente con una lista oficial ampliamente documentada. Lo que sí existen son trucos de jugador: moverse en diagonal para evitar proyectiles, no abrir recompensas hasta controlar la sala, usar enemigos lentos como escudo frente a otros más rápidos y reservar habilidades potentes para oleadas o jefes. También es aconsejable experimentar con cartas especiales y mejoras definitivas cuando aparezcan, porque pueden cambiar por completo una partida mediocre y convertirla en una carrera ganadora.
La comparación con referentes como The Binding of Isaac, Hades o Tunic aparece con frecuencia al hablar de Eko and the Bewitched Lands, y tiene sentido: comparte con ellos el gusto por la repetición significativa, el descubrimiento y la sensación de que siempre queda algo por encontrar. Sin embargo, su identidad pasa por una fantasía más directa, un ritmo accesible y una apuesta clara por la combinación entre reflejos y decisiones tácticas. No pretende reinventar el género, pero sí ofrecer una aventura compacta, rejugable y con suficientes secretos para que cada visita a sus tierras embrujadas tenga un punto de misterio.
En definitiva, Eko and the Bewitched Lands es una propuesta ideal para quienes disfrutan de morir, aprender y volver más preparados. Su mejor truco es convertir la incertidumbre en motor de diversión: nunca saber del todo qué habrá en la siguiente sala, qué reliquia será una bendición o qué error acabará con la partida. Para sacarle partido hay que jugar con calma dentro del caos, observar antes de actuar y aceptar que cada fracaso enseña algo. En esas tierras embrujadas, la paciencia también es magia.





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