Hacer que el trigo se adapte mejor al cambio climático sin perder rendimiento se ha convertido en una necesidad urgente para la agricultura. Ahora, una investigación liderada por un equipo de la Universidad de Barcelona y del centro de investigación Agrotecnio ha descubierto una forma innovadora de afrontar este desafío: combinar tecnología avanzada e inteligencia artificial para seleccionar las mejores variedades de esta gramínea.
El trabajo, publicado en la revista Plant Phenomics, propone un cambio de mirada: es necesario fijarse no solo en el rendimiento, sino también en la capacidad del trigo de mantener cosechas consistentes aunque el clima sea cambiante. Las conclusiones apuntan a que esta combinación de productividad y estabilidad es clave para asegurar cosechas seguras en condiciones ambientales cambiantes.
Los autores del estudio son los investigadores Jara Jauregui Besó, José Luis Araus y Shawn Carlisle Kefauver, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Biología de la UB y Agrotecnio; Nieves Aparicio y Sara Álvarez, del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL), y María Teresa Nieto Taladriz, del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC).
Drones para estudiar los cultivos de trigo
El equipo ha analizado 64 variedades de trigo duro cultivadas en dos entornos mediterráneos distintos: en regadío y en secano. El objetivo era identificar qué genotipos combinan una elevada producción con una respuesta estable en ambientes variables, con diferencias en temperatura y disponibilidad de agua.

Uno de los resultados más asombrosos es que las variedades seleccionadas no son las que mantienen las hojas verdes más tiempo hasta el final de la temporada, sino las que crecen con fuerza al principio y maduran un poco antes, justo en el momento clave del grano. Por el contrario, las líneas descartadas presentaban un vigor inicial bajo y mantenían las hojas verdes durante más tiempo, lo que no garantiza un mejor rendimiento.
En el marco del trabajo, el equipo utilizó sensores terrestres y drones equipados con cámaras RGB, multiespectrales y térmicas, que permitieron monitorear el desarrollo de los cultivos durante todo el ciclo. Esta tecnología permite obtener información clave del trigo antes de segar, eliminando la necesidad de hacerlo y reduciendo tanto los costes como el tiempo necesario para su estudio.
Con todos estos datos, el equipo entrenó modelos de inteligencia artificial capaces de predecir con gran precisión tanto el rendimiento como la estabilidad productiva de las variedades.
Esta estrategia puede convertirse en una herramienta muy útil para los programas de mejora genética y puede ayudar a desarrollar variedades de trigo preparadas para afrontar los retos del cambio climático.
Más verde no siempre significa mejor
Los investigadores analizaron, en primer lugar y por separado, los rasgos de rendimiento y estabilidad del trigo duro. Vieron que los genotipos con mayor rendimiento se caracterizan por un alto vigor inicial y un verdor sostenido durante las fases de crecimiento rápido hasta el final del ciclo. En cambio, los genotipos más estables presentan un menor vigor inicial, un crecimiento más lento y un ciclo más corto, lo que les permite aprovechar mejor los recursos disponibles para el grano. Con el objetivo de identificar un equilibrio entre estos mecanismos compensatorios, los expertos desarrollaron un método de selección de variedades que combina un rendimiento competitivo con una buena estabilidad.
El estudio concluye que un establecimiento vigoroso inicial combinado con la maduración anticipada parece clave para conseguir cosechas más constantes en condiciones ambientales variables, lo que ayudaría a que el trigo pudiera afrontar mejor la sequía y las temperaturas elevadas.





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