La televisión española vive un momento especialmente fértil para las comedias incómodas, aquellas que se atreven a hablar de frustración, precariedad emocional, amistad adulta y contradicciones personales sin envolverlo todo en moralejas tranquilizadoras. En ese contexto aparece Se tiene que morir mucha gente, una serie de Movistar Plus+ creada y escrita por Victoria Martín, basada en su propia novela homónima. Estrenada en mayo de 2026, la ficción se presenta como una comedia de seis episodios de media hora que combina humor negro, drama generacional y una mirada descarnada sobre la vida de tres amigas que ya no pueden fingir que todo va bien.
El punto de partida de la serie es aparentemente sencillo: Bárbara, Maca y Elena fueron juntas al colegio y, veinte años después, siguen unidas por una amistad que se sostiene más por costumbre, memoria compartida y necesidad que por una verdadera armonía. Bárbara trabaja como guionista en un programa de televisión de humor, pero se siente atrapada, frustrada y dependiente de las benzodiacepinas para soportar el día a día. Maca intenta abrirse paso como actriz, aunque su realidad cotidiana pasa por trabajar de camarera mientras espera una oportunidad que quizá nunca llegue. Elena, por su parte, vive una existencia acomodada tras casarse con un empresario hotelero bastante mayor que ella y afrontar un embarazo que no parece resolver sus inseguridades. La crisis personal de Bárbara actúa como detonante: cuando ella empieza a desbordarse, también se resquebraja el equilibrio del grupo.

Se tiene que morir mucha gente
Una comedia que no busca caer bien
Uno de los rasgos más llamativos de Se tiene que morir mucha gente es su negativa a suavizar a sus personajes. La serie no pretende que Bárbara, Maca y Elena resulten siempre simpáticas ni ejemplares. Al contrario, las muestra contradictorias, egoístas, vulnerables, crueles a ratos y profundamente perdidas. Esa apuesta conecta con una tradición reciente de ficciones protagonizadas por mujeres que huyen del modelo de personaje inspirador para acercarse a figuras más ásperas, humanas y reconocibles. El título, provocador y deliberadamente excesivo, funciona como declaración de intenciones: aquí el malestar no se disimula, se verbaliza de forma brutal.
El humor negro es la herramienta principal con la que Victoria Martín aborda temas como la ansiedad, la dependencia emocional, la frustración laboral, la precariedad artística, la maternidad, la culpa y la presión social por construir una vida "correcta". La gracia de la serie no está solo en sus frases ácidas o en sus situaciones incómodas, sino en la forma en que convierte la incomodidad en un espejo. Muchas de sus escenas resultan divertidas precisamente porque rozan una verdad desagradable: la distancia entre lo que los personajes dicen ser y lo que realmente hacen.
Reparto y mirada generacional
El reparto es una de las grandes fortalezas de la producción. Anna Castillo interpreta a Bárbara, el centro emocional y caótico de la historia; Macarena García da vida a Elena; y Laura Weissmahr encarna a Maca. A ellas se suma Sofía Otero como una presencia vinculada al imaginario de la protagonista, una versión joven que introduce pensamientos intrusivos y refuerza la dimensión mental del relato. La química entre las protagonistas permite que la serie funcione no solo como sátira social, sino también como retrato de una amistad deteriorada por los años, las expectativas incumplidas y los silencios acumulados.
La serie habla de una generación que ha crecido con la promesa de que el talento, la autenticidad y el esfuerzo bastarían para alcanzar una vida satisfactoria. Sin embargo, sus protagonistas se encuentran con trabajos que no les llenan, relaciones desequilibradas, inseguridades persistentes y una sensación de fracaso difícil de confesar. En lugar de ofrecer una lectura solemne, Se tiene que morir mucha gente opta por el sarcasmo, la mala leche y la exageración. Esa elección no resta profundidad; al contrario, permite que el drama se filtre sin solemnidad y que el espectador se ría antes de reconocer el golpe.
Recepción y continuidad
Desde su estreno, la ficción ha llamado la atención por su personalidad y por situarse lejos de la comedia amable. Su formato breve favorece el visionado rápido, pero también exige una escritura precisa: cada episodio debe avanzar en la crisis de sus personajes sin perder ritmo ni filo. La buena acogida ha impulsado su renovación por una segunda temporada, prevista para continuar la historia manteniendo el tono irreverente y el protagonismo de sus tres mujeres principales. Esa continuidad confirma que la serie ha encontrado un espacio propio dentro del panorama audiovisual español, especialmente entre espectadores interesados en relatos contemporáneos, incómodos y generacionalmente reconocibles.
En definitiva, Se tiene que morir mucha gente destaca porque no teme resultar antipática, excesiva o políticamente incorrecta. Su valor está en convertir la rabia, la decepción y la ansiedad en materia cómica sin negar el dolor que hay debajo. La serie no presenta a sus protagonistas como modelos a seguir, sino como mujeres en crisis que intentan sobrevivir a sus propias decisiones. En esa mezcla de humor salvaje, ternura oculta y lucidez amarga reside su principal atractivo. Más que una simple comedia sobre amigas, es una radiografía de la adultez cuando las promesas de juventud se han agotado y solo queda decidir si se sigue fingiendo o se rompe todo de una vez.





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