La Unión Europea ha convertido la regulación tecnológica en una de sus principales señas de identidad política. Frente al avance de las grandes plataformas, la expansión de la inteligenc
ia artific
ial y la creciente preocupación por la desinformación, los datos personales y la competenc
ia, Europa ha optado por una estrateg
ia clara: no dejar que el mercado digital se gobierne solo.